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¿PODRÍA EL SER HUMANO SEGUIR EVOLUCIONANDO?

Desde la aparición del primer homínido, hace entre 7 y 4 millones de años, la historia de la evolución humana ha tenido múltiples especies como protagonistas. Así, el primer homínido completamente bípedo fue el Australopithecus Afarensis, hace entre 3,9 y 3 millones de años. Y uno de los primeros en confeccionar herramientas de piedra fue el Homo Habilis, hace entre 2,3 y 1,65 millones de años.

Muchas de estas especies, la mayoría, no condujeron a nada y se acabaron extinguiendo, como es el caso del Homo Neanderthalensis, que existió hace entre 230.000 y 39.000 años.

Otras de ellas, sin embargo, forman parte de la línea evolutiva que lleva hasta el ser humano moderno. El Homo Antecessor, el homínido más antiguo que pobló Europa, hace entre 600.000 y 250.000 años, se considera el último ancestro común entre Homo Sapiens y Homo Neanderthalensis.

Desde nuestra perspectiva humana, con una concepción del tiempo acorde a nuestra esperanza de vida, podría parecer que somos la etapa final de este camino. No obstante, estos procesos evolutivos se desarrollaron a una escala mucho mayor, tasada en miles y millones de años.

¿Podría, por lo tanto, aparecer una nueva especie que poblara la Tierra dentro de miles de años? ¿Podría haber un Homo Sucessor que recogiera nuestro testigo en el deambular de la humanidad a lo largo del tiempo? Nada nos impide pensarlo.

¿Cómo funciona la evolución?

La evolución se produce por selección natural, un mecanismo que fue descrito por Charles Darwin, en su obra El origen de las especies, de 1859. Así, los individuos mejor adaptados al medio en el que viven son los que se reproducen y transmiten sus atributos positivos a las generaciones futuras. Por el contrario, aquellos miembros de la especie que no están bien adaptados, no sobrevivirán.

Charles Darwin (Wikimedia Commons)

El sistema es fácil de entender si nos imaginamos a dos jirafas, una con el cuello largo y otra con el cuello corto. La primera tendrá una larga vida, con múltiples oportunidades de reproducirse, pues será capaz de alcanzar las ramas de los árboles para alimentarse. En cambio, la segunda jirafa morirá de inanición, pues no conseguirá suficiente comida. Sus genes no se transmitirán y el atributo “cuello corto” acabará desapareciendo.

¿Por qué evolucionó el ser humano?

Nuestra evolución respondió a variaciones en las condiciones medioambientales, que modificaron nuestro entorno, forzándonos a adoptar cambios adaptativos. Una de las características que distinguen al ser humano del resto de especies animales es nuestra gran capacidad de adaptación.

Así, la elevación de la región oriental de África provocó que los árboles de aquella zona comenzasen a escasear, de forma que los primates pasaron de saltar de rama en rama a desplazarse por el suelo. A continuación, se elevaron sobre sus miembros inferiores para ver venir de lejos a los depredadores y para liberar las manos.

Valle del Rift, origen de la humanidad (Wikimedia Commons)

A partir de aquí, comenzó una sucesión de mutaciones que tuvieron incidencia en nuestra alimentación, nuestra capacidad intelectual, nuestra gestación e incluso nuestros patrones de conducta a nivel social, pues los nacimientos prematuros y un periodo de crianza mucho más amplio obligaban a cooperar para alimentar a todo el grupo.

¿Cómo sería el Homo del futuro?

Un nuevo cambio climático, esta vez provocado por el propio ser humano, obligará a nuevas adaptaciones que pueden desencadenar una nueva selección natural.

El mundo del mañana será, a todas luces, más caluroso e inhóspito. Por lo tanto, es posible que el Homo Sucessor sea más pequeño y delgado, de forma que tenga una menor masa corporal con la que retener menos calor. A esto también pueden contribuir los cambios en la dieta debidos a la pérdida de biodiversidad y de tierras cultivables.

El cambio climático puede afectar incluso a nuestra conducta y sociabilidad. El Homo Sucessor puede cambiar sus patrones de asentamiento para huir de las aglomeraciones y de la competencia por unos recursos alimenticios menguantes. De todas maneras, las grandes urbes de hormigón y asfalto, convertidas en islas de calor, pueden llegar a ser incompatibles con la vida humana.

Por último, los cambios sociales pueden llevar a transformaciones en nuestro mundo simbólico. Nuevas cosmovisiones pueden conducir a otras formas de entender la vida y la muerte, de despedirnos de los que se van, de buscar respuestas en las estrellas. Incluso pueden aparecer cultos que ni siquiera llegamos a sospechar.

En cualquier caso, el tiempo es un fenómeno inconmensurable visto desde nuestra conciencia efímera, fugaz en comparación. Y este no ha sido más que un ejercicio de especulación sobre lo que puede ocurrir en otra era ajena a la nuestra. Algo casi de ciencia ficción.

 

2 comentarios en «¿PODRÍA EL SER HUMANO SEGUIR EVOLUCIONANDO?»

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