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¿POR QUÉ LE VOTAN? DONALD TRUMP Y LA POLÍTICA DE LA CONFRONTACIÓN (1)

En una democracia representativa, el político es un producto. El cliente debe decidir si lo compra o no. En las democracias, los votantes somos el cliente, y nos vemos sometidos a campañas publicitarias que nos intentan convencer de que este político es el más idóneo, o de que aquel es el que más entiende a un sector de la población.

El 5 de noviembre, los estadounidenses elegirán a su presidente entre Joe Biden y Donald Trump. Las encuestas dicen que, a día de hoy, Trump ganaría por unos 5 puntos de ventaja. ¿Por qué? ¿Acaso es un mejor producto que Biden? Desde luego, el actual presidente es mucho más solvente, y, aunque tiene ciertos achaques debidos a su avanzada edad, está rodeado de un equipo perfectamente capacitado para dirigir el país. Entonces, ¿por qué los estadounidenses prefieren el caos?

El 5 de noviembre de 2024 hay elecciones presidenciales en Estados Unidos

¿Por qué Trump cautiva al votante americano?

En su primer mandato, Donald Trump demostró ser un político inepto que no entendía cómo funciona el mundo. Además, era el rey de la demagogia. Mentía descaradamente a su pueblo y al resto de la opinión pública internacional. Algún medio se dedicó a contar las mentiras que salían por su boca, como si de un juego de beber se tratara. Por otro lado, hizo gala de unos modales más propios de un camorrista demente que de alguien digno de confianza.

Trump defendía los intereses de un nicho muy pequeño del pueblo americano. En las elecciones de 2020 su votante promedio era un hombre blanco de más de 65 años, de renta alta, asentado en zonas rurales y que se declaraba católico, protestante o evangélico. La máxima prioridad de este votante era la economía, por encima de problemas más acuciantes como la pandemia. Por lo tanto, Trump no representaba a las mujeres, ni a la población de raza negra, ni a los musulmanes, ni a los ciudadanos con raíces en el extranjero.

Por si todo esto fuera poca señal de alarma, Donald Trump no es un demócrata. Siente simpatía por los autócratas del resto del mundo y desprecia a los aliados tradicionales de Estados Unidos. Es un antisistema que intentó deslegitimar las instituciones del país y que, en última instancia, azuzó una rebelión que podría considerarse un intento de golpe de estado.

Donald Trump y Kim Jong Un (Flickr)

Si añadimos el resto de causas pendientes que el expresidente tiene con la justicia, la lógica dice que nadie en su sano juicio le votaría, a no ser para emitir un voto de protesta. Pero, ¿por qué recurrirían los estadounidenses a un candidato antisistema? ¿acaso no están satisfechos con el sistema?

Cómo va el país

Ya que al votante de Trump le interesa la economía, vamos a ver cómo se desempeña la economía de Estados Unidos:

  • Es una economía cercana al pleno empleo: en enero, la tasa de paro fue del 3,7%, mientras que en 2023 osciló entre el 3,4% y el 3,9%. En comparación, la tasa de paro en la Unión Europea fue del 6,4% en enero, mientras que en España tenemos un paro estructural que supera ampliamente el 10%.
  • Es una economía que crece: hace poco, la Reserva Federal estimó que el PIB de Estados Unidos crecería un 2,1% en 2024. El mismo año, la Unión Europea crecerá un 0,9% y la zona euro un 0,8%.
  • Tiene controlada la inflación: a pesar de un leve repunte en los últimos meses, se puede afirmar que Estados Unidos le está ganando la batalla a la inflación, que se sitúa en el 3,2%. En este caso, la cifra es similar a la de la UE. Por otro lado, los salarios habrán subido más de un 4% en 2023, un porcentaje insuficiente para compensar la pérdida acumulada de poder adquisitivo, pero que lo hace en parte.
  • Es uno de los primeros países en el ranking IDH: para aquellos a los que no les gusta comparar países en función del crecimiento del PIB, existe el índice de desarrollo humano (IDH), un indicador que pondera factores como la esperanza de vida y la tasa de alfabetización, además de la renta per cápita, dando más peso a la desigualdad en la distribución de la renta. Así, en este indicador Estados Unidos se encuentra en el puesto 21 de 191 países.
  • Es uno de los más felices: si nos vamos a indicadores más abstractos, en el índice mundial de la felicidad, que elabora Naciones Unidas, Estados Unidos se sitúa en el puesto 15.
  • ¿Es Estados Unidos un país en el que proliferen los políticos corruptos? Transparency International elabora anualmente un índice de percepción de la corrupción. En este indicador, Estados Unidos ocupa el puesto 24 de 180.
  • ¿Retroceden las libertades en Estados Unidos? Si tomamos la libertad de prensa como indicativo de la libertad general en el país, en la clasificación mundial de Reporteros Sin Fronteras para 2023, Estados Unidos está en el puesto 45. A pesar de ser una de sus peores clasificaciones, la organización califica la libertad de prensa de Estados Unidos como “satisfactoria”, una horquilla en la que también se encuentran Alemania, Francia o Renio Unido.

En todas estas listas los primeros puestos están copados por las democracias. Entonces, ¿por qué votar a un antisistema que reniega de la democracia? A pesar de estas cifras más que dignas, el votante no se mueve solo por la economía. Las campañas electorales son un estado de ánimo. A la hora de votar, muchas veces pesa más lo que se percibe, o un relato concreto, por encima de las estadísticas y los datos fríos.

El mundo virtual

En las redes sociales, la conversación tiende a segregarse en compartimentos estancos en función de nuestra forma de pensar. Este fenómeno se conoce como cámaras de eco. En ellas, gritamos nuestras convicciones y el eco nos devuelve la misma opinión. De forma, que, si pasamos mucho tiempo en X discutiendo sobre la última polémica, nos convenceremos a nosotros mismos de que la mayoría piensa como nosotros, pues la red no nos enseña opiniones que discrepen de la nuestra. Sabemos que hay un “enemigo” que piensa diferente, pero no entendemos sus razonamientos porque no nos llegan.

Esto se debe al algoritmo, que está programado para retenernos el máximo tiempo posible en la red, de forma que pueda llegarnos más publicidad. De esta forma, la aplicación en la que estemos nos mostrará las publicaciones que el algoritmo haya identificado que atraen nuestra atención. De la misma manera, el algoritmo premiará una publicación más llamativa que capte nuestro interés, por encima de otras más ordinarias que se limiten a describir la cruda realidad. Es así como florecen teorías conspirativas y grupos como QAnon, que clama que hay un “estado profundo” conformado por pederastas y degenerados, y que fueron estas élites ocultas las que le robaron a Trump las elecciones de 2020.

El 6 de enero de 2021, día de la certificación de la victoria de Joe Biden, una turba de seguidores de Donald Trump asaltó el capitolio bajo el lema "detengamos el robo" (Flickr)

De este modo, cualquiera que se introduzca en estas redes, y que de forma progresiva se convierta en un adepto de dichas teorías, percibirá cada imputación a Trump como una conspiración de la justicia estadounidense para hacer caer a un político inocente que busca acabar con este “estado profundo”, y que solo quiere que América vuelva a ser grande. Asimismo, para este individuo alienado por los mensajes de QAnon, los políticos del partido demócrata serán una panda de depravados corruptos que buscan mantener el statu quo.

Pero, por muy serio que sea este problema, no explica los 74 millones de votos que obtuvo el republicano en 2020. ¿Qué les pasa por la cabeza a esas decenas de millones de votantes? Al margen de los conspiracionistas, que son un grupo minoritario, cuando no residual, hay un gran porcentaje de la población que es víctima de la desinformación.

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